Senderos que se encuentran
Majiwaru michi
交わる道
Senderos que se encuentran
Es un espacio de encuentro entre memorias, tradiciones y sensibilidades que dialogan a través del arte. La exposición reúne tres conjuntos de obras que, desde lenguajes y materialidades diferentes, invitan a reflexionar sobre la identidad, el tiempo y las formas en que las culturas construyen vínculos a partir de sus saberes y expresiones estéticas. La muestra plantea una conversación entre distintas maneras de comprender el mundo, desde el patrimonio cultural y la creación.
Las muñecas japonesas, portadoras de un profundo simbolismo, evocan la transmisión de la memoria, el cuidado y la continuidad de las tradiciones, convirtiéndose en testigos de historias familiares y colectivas que han perdurado a lo largo del tiempo. La instalación de video amplía este diálogo mediante imágenes en movimiento que invitan a la contemplación y al reconocimiento de nuevas formas de encuentro entre pasado y presente. Por su parte, la obra de María Paula Alzate, realizada con la técnica del kintsugi, arte japonés que repara las piezas de cerámica resaltando sus fracturas con oro, revelan una filosofía en la que las huellas del tiempo y las transformaciones no se ocultan, sino que se integran como parte esencial de la belleza y la historia de cada objeto. Estas piezas ofrecen una mirada en la que la fragilidad se transforma en fortaleza y cada cicatriz constituye una oportunidad para resignificar la experiencia.
Raúl Alejandro Martínez
Oficios y ceremonia
El recorrido abre con gente trabajando. Un pescadero sostiene su presa todavía por las agallas, un vendedor de tofu carga las cajas de madera al hombro y un verdulero lleva la suya al pecho, con el emblema del negocio estampado en el delantal. Entre ellos aparecen dos figuras de vestidura ceremonial, el guardia de la corte y el sacerdote del santuario.
Mujeres, kimono y danza
Siete figuras femeninas, casi todas detenidas a mitad de un movimiento. Aquí el asunto es el kimono, y por eso importa poder girarlas. El frente muestra el estampado, pero el nudo del obi, donde se concentra el trabajo de costura, solo se ve por detrás. Dos son maiko, aprendizas de geisha, una es miko, la doncella que sirve en un santuario sintoísta, y otra es dama de la corte. En dos de ellas el abanico abierto ocupa más espacio que el cuerpo.
Guerreros y festival
Tres figuras armadas y un santuario en miniatura. El mikoshi es un objeto de procesión que en la fiesta se carga en hombros por la calle, y esta versión reducida conserva el lacado negro, los cordones trenzados en rojo y blanco y las campanillas del alero. Las otras tres se montaron sobre peanas más altas que el resto, como corresponde a piezas que en Japón se exhiben en fechas señaladas.
Los niños del matsuri
Seis niños vestidos de fiesta, con la misma chaqueta estampada en azul o en rojo, sorprendidos en seis posturas distintas. Uno está sentado, otra de pie, otro en cuclillas, otra inclinada, otro postrado y el último con las manos en la nuca. Solo una sostiene la mirada al frente. Vistos en fila parecen un mismo cuerpo recorriendo el repertorio de gestos de un día largo.
Kintsugi
María Paula Alzate
María Paula Alzate trabaja con kintsugi, el arte japonés de reparar la cerámica rota dejando la fractura a la vista y subrayándola con oro. Las tres piezas de esta sección son suyas y las hizo en 2025. Las dos vasijas giran como el resto de la muestra. El cuenco se abre. Sus seis tomas van del objeto entero a los tres fragmentos sueltos, y la animación las recorre de ida y de vuelta, así que se rompe y se recompone sin parar.
Los tres fragmentos
El cuenco suelto, fotografiado desde cinco ángulos. Vistos por separado, los tres pedazos se leen como tres piezas enteras. Por dentro aparece completo el veteado que dejó el torno, y en el canto de cada una corre ya la línea de oro. Esa parte queda escondida cuando el cuenco está armado, y es donde está el trabajo. La reparación se hace con laca de urushi, que cura con humedad y no al aire, encerrada semanas en una caja húmeda, y el metal se espolvorea al final sobre la juntura todavía fresca. Por eso la costura tiene espesor, y por eso cada fragmento llega aquí con la suya puesta, esperando al siguiente.





Exposición en sala
La muestra se montó en la sala de exposiciones de la h-biblioteca. Las figuras se repartieron entre vitrinas de cristal, peanas blancas y repisas colgadas de la pared, bajo rieles de luz dirigida y con las obras enmarcadas al fondo, y las cerámicas de kintsugi tuvieron su propio espacio. Estas fotografías del montaje devuelven algo que la versión web se lleva por delante. Aquí cada pieza se mira sola, recortada y del mismo tamaño que las demás. En la sala unas cabían en una mano y otras pedían agacharse, y entre una y la siguiente había que caminar. Las últimas fotografías son del día de la inauguración, el 30 de julio, con la demostración de kintsugi y los invitados recorriendo la sala.
Museo Universitario de Artes Digitales
Arrastra para girar
Viviana Aguillón García Artes visuales UNAD - Museografía